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Nostálgicos del viejo diseño de las naranjas valencianas

La industria de la naranja valenciana fue una de las pioneras en la utilización de marcas comerciales y de interfaz para extenderse fuera de España, y es exactamente en Holanda donde un grupo de artistas transporta treinta años recuperando todo aquél material gráfico generado en la Comunitat Valenciana

VALÈNCIA. Donde hubo industria (y hombres de negocios con perspectiva estratégica) se ha creado el diseño, porque de esta manera es como ya ya hace siglos las compañias tenían en cuenta que poseían un elemento definitivo con el que competir. Y este fue la situacion de la naranja valenciana, que ya doscientos años siglos atrás salía al mercado en todo el mundo y descubrió en el diseño gráfico un arma comercial primordial para llevar a cabo sus marcas memorables.

Las compañias frutícolas poseían nombres poco comerciales y solamente recordables, menos todavía para un mercado anglosajón que necesitaba referentes y nombres con alguna épica para conectar. El engaging, el branding y el naming de hoy, que ya lo hacían nuestros bisabuelos, y de esta manera es como cerca de los almacenes de fruta salió confeccionando un tejido de compañias gráficas, desde fábricas de papel a imprentas e ilustradores de publicidad o pintores y grafistas para liberar a la imaginación valenciana que terminó en talleres de litografía perfeccionados en la cartelería de la Feria de Julio y además deFallas.

La etiqueta naranjera fue la reina del primer enorme formato comercial de un producto valenciano. Los almacenes lanzaron al mercado cientos de marcas que les daban elasticidad para ubicar unas u otras en diferentes mercados, algunas veces comentando de caracteristicas, otras con tópicos españoles y hasta con mujeres que recordaban a actrices de Hollywood, y con estas etiquetas se estampaban las cajas que contenían las naranjas y hasta el papel de seda que las protegía,todo por lo general con diseños muy coloridos para llamar bien la atención.

Toda esta gráfica de las naranjas narra realmente bien la evolución estilística durante numerosas décadas, donde se ven desde trabajos más básicos utilizando stencils hasta recreaciones fotorrealistas en paralelo a la evolución técnica que dejaba la utilización más complejo de la tipografía. Del modernismo a las vanguardias fue la edad dorada de estos formatos, un reducido porcentaje de los cuales tenemos la posibilidad de gozar todavía por medio de coleccionistas privados y dentro de poco en un Museo de la Naranja que reabrirá sus puertas seis años luego de echar el cierre por impagos de las entidades que lo mantenían desde que se inauguró en 1995.

Una de las zonas de exportación que la naranja valenciana poseía en el mapa eraHolanda. Tanto que algunas compañias de aquí hicieron nombres y marcas expresamente para los Países Bajos, que desde 1717 que data el primer envío desde Sagunt se estuvieron desembarcando cajas y cajas de naranjas de Carcaixent, Alzira, El Verger, Burriana o València.

Y trescientos años luego de aquél primer envío a Holanda estamos con exactamente una chiquita red social de artistas holandeses que se dedica con sus proyectos a recobrar el valor de aquellas gráficas de naranjas valencianas de la que por el momento no queda constancia en la Comunitat Valenciana. De fuera vienen, de nuevo, a ofrecernos enseñanzas de valor sobre lo que somos y poseemos y que no explotamos por culpa de este meninfotisme a la vez tan nuestro.
Anthonie Heynsius en su comercio de Holanda

Anthonie Heynsius es un holandés que se ha dedicado los últimos 30 años a buscar y clasificar exactamente estas cajas de fruta, sin entender que básicamente en su integridad eran importadas del mismo punto del planeta, la Comunitat Valenciana. Primero los mercados de fruta y luego los rastros, fueron sitios de peregrinaje para Anthonie que hoy en dia almacena cientos de cajas, algunas de las cuales reconvierte en repisas, biombos o cómodas, y ya hace unos cuantos años está con él Anita Nijman, que se define como su aprendiz y recopila su legado.

Esta diseñadora gráfica se enamoró de estas cajas de naranjas valencianas desde que las vió por primera oportunidad en el comercio de su maestro, y desde ese momento le sigue entusiasmada en esta tarea de conservación y por otro lado de ofrecer una segunda vida a los contenedores diseñando elementos para el hábitat, pero sobretodo elementos de reducido tamaño como joyeros, cajas de música o buzones, productos impregnados de la esencia de las marcas de naranjas valencianas.
Algunos trabajos de Anthonie Heynsius desde cajones de naranjas valencianas Desde la tarea de su maestro, los productos que crea Anita Nijman son de escala más achicada y más cuidados en sus datos

Anita vino a València a pasar una temporada, un viaje en el que quiere hallar alguna caja más para su recopilación, hacer mejor su español y además indagar en los almacenes que todavía hoy siguen libres, como los alicantinos Hijos de José Felis que firman la marca que es su favorita, la de las naranjas Lunch. Tiene muy claro su interés con estas cajas: “Because they’re so beautiful!”exclama con los ojos muy libres mientras sigue contando sobre este grupo de holandeses que distribuyen afición.

Nijman me habla de otro artista local, Luitzen Zandbergen, que además recupera estas antiguas cajas frutícolas (gran porcentaje que proceden de nuestra terreta) pero es muchísimo más meticuloso en sus producciones, y también ha editado un libro (en estuche de madera reciclada de cajas, claro)con sus proyectos. Aparentemente este otro holandés con melancolia valenciana tiene la recopilación más extensa en la región.
Cajas, mobiliario y el libro de Luitxen Zandbergen

Anthonie, Anita y Luitzen están rescatando las desaparecidas cajas de naranjas valencianas con una tarea verdaderamente impagable y completamente desconocida en el origen de todos estos materiales. Anita es quien comenzó en este momento el acercamiento, obligada a venir a buscar sobre el tema al no poder hallar básicamente nada de historia en línea, y sucede que los datos, del mismo modo que tantísimos autenticos, se perdieron en la enorme riada de 1957 y también cuesta hallar libros perfeccionados (donde resaltan Vicente Abad y Tomás Viana como los enormes estudiosos en la materia).

En su causa, Zandbergen dio hace años con otro aficionado a la iconografía de las naranjas y frutas del siglo pasado,este afincado en Francia, Jean-Yves Pennec, un artista que aunque ha usado envoltorios y cajas para muchos collages, primordialmente utiliza las marcas de naranjas valencias como inspiración y recurso para su obra plástica.
Jean-Yves Pennec, otro contagiado de esta melancolia gráfica valenciana

Una enorme decepción de Anita al llegar a València fue conocer que sus temores eran algunos y por el momento no existe ese precaución de antes por la gráfica de las marcas. “Lo moderno es aburrido”, claudica, y no tiene la posibilidad de tener más razón, cuando de hecho fueron los plásticos con su llegada en los sesenta, las mallas y los formatos a granel lo que acabaron con las técnicas y la profesionalización previa del diseño.

Toda esta gráfica naranjera no va a volver, ni sus destacables formatos tampoco, pero no los perdamos y aprendamos esta enorme asignatura de los holandeses que vieron antes que nosotros la hermosura vintage de las marcas de naranjas.

De hecho, para llevar a cabo más épica esta aventura a ciegas de la diseñadora Anita Nijman, antes de ponerse al volante a arrancar el viaje por carretera preparó su viejo Nissan y no sólo lo cargó con algunas de sus cajas preferidas sino que lo customizó argumentandose en su etiqueta naranjera preferida. Arte con ruedas lo llama, y es seguramente el más destacable elemento comunicativo del área frutícola que surca las rutas valencianas desde el siglo pasado.

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